Aerosmith: hinduismo, testosterona y resiliencia

Nueve vidas, quizá diez

Según un estudio publicado en el Journal of Feline Medicine and Surgery (2024), la esperanza de vida de un gato está vinculada además de a la raza y el género– a factores como la calidad de la alimentación, el control del peso, las prácticas de cuidado responsable y los chequeos veterinarios anuales. Unas condiciones ambientales tranquilas, la esterilización y una vida indoor, alarga la vida de los felinos. Por países, los gatos de Estados Unidos, Reino Unido y Japón están entre los más longevos. ¿Será porque allí, frente a las 7 vidas que les adjudicamos en América Latina, España y el Mediterráneo, tienen 9?

Idolatría autorreferencial, violencia defensiva y resiliencia. Como gatos callejeros que buscan imponer su liderazgo en el territorio de una banda, Steven Tyler (1948) y los suyos –“colocados” en lo más alto de la fama– pasaron cuatro años viviendo al límite entre las polémicas internas y la disolución, hasta que en 1997 publicaron su duodécimo disco de estudio.

Nine Lives, es un guiño a ese resurgir, a la capacidad de supervivencia de los cinco miembros –como individuos y como banda– dispuestos a iniciar una nueva vida. Como los gatos. Tal vez por ello, Stefan Sagmeister (1962) y el equipo de Hungry Dog, diseñaron explícitamente una portada y un libreto de estética barroca (los “mil detalles” típicos de Sagmeister) inspirada en paisajes, textiles, caligrafías y deidades hindúes, pero con cabezas felinas. Entonces saltó la polémica: el Krishna gatuno que domina a la serpiente-demonio Kaliya en la cubierta fue interpretada (y denunciada) como una apropiación cultural, cuando no vista como una mera burla a la iconografía religiosa. Para deshacer el entuerto, el equipo de Hungry Dog rehízo la portada disponiendo en su lugar a un felino antropomorfo –vaqueros con tachuelas, botas de rockero y camiseta de tiras con el dibujo de los Aerosmith– atado a una rueda circense de las que usan los lanzadores de cuchillos, reforzando aún más la idea de resiliencia pese a que “lluevan puñales”.


Y eso es lo que representa Nine Lives, la canción homónima que abre el disco entre bufidos y maullidos desgarrados. Un tema testosterónico que habla sobre la superación y la necesidad de buscar el afecto arañando el porvenir, como arañan la voz de Tyler y las cuerdas de la guitarra de Joe Perry (1950). Un tema que precede a una columna de hits, como cuchillos lanzados a una diana circense. Un disco que fue, a la vez, el nuevo renacer y el pico máximo del grupo.

No sabemos cuántas vidas ha gastado Aerosmith, pero, como buenos gatos americanos, sabemos que tienen la suerte de tener 9. Quizás, como dice la canción, ya hayan quemado todas y están viviendo la décima: nine lives, live again.

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