Mad Madge, la gata de Margaret Cavendish

«Toda la materia posee conocimiento sensible y racional, conectando humanos, animales y elementos en un continuo vivo»

«Cada vez que me acuesto -escondiendo mis patas delanteras bajo el tórax- y entrecierro los ojos, entiendo la conexión que existe en el mundo. Lo animado e inanimado deben ser parte de un continuo ontológico interdependiente pues, si los átomos son tan pequeños como pueden ser, deben estar en cantidad de materia todos de acuerdo[1], ¿no? Pues hay quien ve locura en ello…»

«Cuando miro a la pequeña Madge entrecerrando sus ojos, soy consciente de la esencial sustancialidad de la naturaleza y de la consecuente inutilidad de jerarquizar a los seres que de ella formamos parte. Todo ese cartesianismo tan defendido por los hombres de la Royal Society es tan ingenuo como denigrante. Es obvio que toda la materia -humana, animal, vegetal y mineral- es inherentemente sensitiva y racional; es decir con capacidades de autoconocimiento y percepción. Pero ellos, al diferenciar entre mente inmaterial y cuerpo mecánico, se ven con el derecho de seguir subordinándonos a roles sociales que ellos mismos han creado. Mi cuerpo puede ser de mujer, pero mi pensamiento está al nivel de cualquiera que haya sido educado para razonar…»

«…A Margaret la llaman “loca” por defender esto y por mil cosas más. Dicen que vestir con encajes y transparencias, jurar en público o vestirse con hábitos masculinos para colarse en las “reuniones de hombres”, es cosa de una subversiva perturbada. Y que escriba y firme sus propias obras dibujándose a sí misma en la portada, a los machos humanos les parece una provocación a la que ella responde: Si es deseable que tejamos, ¿por qué no escribir poesía que es tejer con el cerebro? A mí, particularmente, no hay gato que me diga donde afilar mis uñas, ni humano que me mantenga encerrada en casa.A mí, nadie me atrapa…»

«…Y cualquiera que haya sido educado para razonar sabe que abrir en canal a un animal para observar los “engranajes” que lo mueven es una crueldad que rompe el equilibrio panpsiquista y panorganicista que la naturaleza tiene. Idéntica e innecesaria crueldad es matar a una criatura por deporte o recreación: Dios no ha hecho a los animales como “carne para consumo humano”. Yo, incapaz de diseccionar un cuerpo con mis manos, lo haré con mi mente…»

«…ni los gatos, ni los perros, ni hombre alguno. Aunque claro, en eso de la caza rompo un jarrón en favor de William[2] (aunque sé que Margaret lo dice en otro sentido). Por eso ahora, y a pesar de que entiendo la conexión que existe en el mundo, voy a abrir los ojos del todo, deshacer mi postura corporal y salir al jardín a ver qué encuentro. No es que sea codiciosa, pero sí tan ambiciosa como haya podido ser o pueda ser cualquiera de mi mismo sexo. Y tan “loca” e independiente como Margaret».


[1] En cursiva, citas célebres de Margaret Cavendish

[2] William Cavendish, esposo de Margaret, cazaba como actividad aristocrática habitual.

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