Malvados acariciando gatos (3)

Donald Trump, presidente de EEUU vestido con traje oscuro y corbata roja, posando con gesto serio frente a un fondo blanco con un emblema circular

Un gato para Trump

No hay una sensación comparable a la de acariciar a un gato. El contacto de su pelaje con nuestro sentido táctil nos ayuda a rebajar el estrés y mejorar el estado de ánimo, alejando a su vez la depresión. Acariciar a un gato puede disminuir la tensión y la presión arterial, estabiliza las emociones y genera un vínculo afectivo responsable de la liberación de oxitocinas y endorfinas, las hormonas del amor. Acariciar a un gato es un placer que da calma y serenidad: es un acto terapéutico.

La Ciencia que corrobora estos datos es, curiosamente, la misma que han empleado los malvados que han acariciado gatos a lo largo de un imaginario que va desde Ernst Stavro Blofeld -enemigo de James Bond- hasta el Dr. Maligno de Austin Powers. La misma que otros malvados -que no acarician gatos- tratan de negar mientras se benefician de sus resultados tecnológicos. Porque hay malvados que afirman que no existe el Cambio Climático; que las vacunas, lejos de curar, pueden provocar autismo; o que la biodiversidad y la salud de los suelos, bosques, ríos y océanos no se ven afectadas por la explotación de minas y la extracción petrolífera. Son esos mismos malvados que abrazan la Ciencia cuando esta provee todo tipo de armas que, llevadas a las guerras propias o vendidas a las ajenas, pueden generar un beneficio económico descomunal.  

Esos mismos malvados que -más allá de no acariciar gatos- ven estúpida la identidad de género, categorizan y subyugan a las personas según su lugar de procedencia o su acervo genético, juzgan a las mujeres siguiendo un criterio estético basado en el sex appel y creen que los hombres blancos, heterosexuales están en la cima de la Creación. Los mismos que no dudan en apretar un botón, mandar soldados o masacrar a civiles cuando -como niños caprichosos que lloran y patalean porque sienten que el balón del mundo les pertenece- alguien les dice “No”. Son esos los malvados que ignoran qué significan términos como bondad, igualdad, respeto, derecho, empatía o genocidio. Son esos, los que se juntan para jugar una partida de Risk en el tablero del mundo sin tener en cuenta el ecosistema, los sentimientos, las personas, el futuro, la moral, la justicia o al resto de los animales. Porque ni siquiera acarician un gato.

En pleno siglo XXI son estos los nuevos representantes del “tropos” del malvado que acaricia… fortunas. No necesitamos un James Bond y mucho menos un Austin Powers que nos salve de ellos. Lo que necesitamos es que abramos la mente, reflexionemos y decidamos qué tipo de mundo queremos construir: uno más igualitario u otro gobernado por malvados. Acariciar a un felino nos puede ayudar a decidir. Mientras tanto, por favor, que alguien les regale unos gatos a Trump, Putin y Netanyahu. Aunque crean parcialmente en la Ciencia, les ayudará a liberar oxitocinas y endorfinas, las hormonas del amor.