Palabras que retumban en la cabeza
Un libro, una canción, una obra de teatro o una pintura. No importa el género, la procedencia, la ideología o la educación de quien la escriba, la interprete, la escenifique o la ejecute. Que se adscriba a una época, corriente o represente los cánones prototípicos de un estilo, es irrelevante. Incluso aunque sea un retrato perfecto de la sociedad a la que pertenece, la crítica más ácida a la misma o que pretenda romper con la realidad existente para crear otra de cero, posee un valor relativo. Porque cualquier expresión cultural -sea un poema, una construcción o una tradición ancestral que permanece hasta nuestros días- carece de sentido si no hace referencia a su esencia, que es esa misma capacidad de decir algo: de expresar.
Toda obra de arte es un artefacto que es a la vez premisa, objeto y sujeto de diálogo. Cuando lo primero, quien lo contempla habla directamente con el artista tratando de aprehender los sentidos, matices y mensajes que este ha dejado en la pieza. Cuando dos o más personas hablan de la obra en sí, el diálogo se objetualiza. En última instancia, la obra de arte puede convertirse en sujeto traspasándonos las entrañas para encender esa chispa que, sin lugar a dudas, ya llevábamos dentro. Cuando esto ocurre, la obra de arte se vuelve espejo reflejando nuestro yo auténtico, ese escondido bajo las capas de los modales y costumbres. Solo entonces, es cuando vibramos.
La Obra Social Nutralgape a través de su proyecto “Yo 🤎 Colonias” nos trae El Diario de una alimentadora, un artefacto en forma de podcast que refleja los pensamientos y emociones de una mujer que cuida una colonia de gatos comunitarios; y las reflexiones que sobre ellas elucubra una adolescente que encuentra dicho diario. Ternura, empatía, respeto, verdadero amor y muchos, muchos gatos, son la expresión con la que la Obra Social Nutralgape quiere honrar el trabajo altruista de algunos hombres, pero sobre todo millones de mujeres que, cada día, alimentan, curan y velan por la seguridad y el bienestar de las colonias de gatos extendidas a lo largo del planeta.
Pero el artefacto va más allá de ser premisa u objeto. El Diario de una alimentadora es ese sujeto que nos traspasa las entrañas para encender en nosotros esa chispa que ya llevamos dentro. El sujeto que nos hace reflexionar sobre el amor, la senectud, la importancia de los libros o la futilidad de cualquier guerra. El espejo capaz de reflejar una parte de nuestro yo auténtico. El conjunto de palabras que, sin ser conscientes de ello, acaban retumbándonos en la cabeza para, después, hacernos vibrar.


