El camino para llegar a la utopía
Sara es una de las 49 socias de La Asociación Vecinal Felinos de Romangordo y, tal vez, la que más cafés se ha tomado con sus casi 250 vecinos para poder hablar con ellos. Sara habla de Amapola, Flor y Tallo, pero no solo para evocar el paisaje que se teje entre las tejas caídas donde empezó alimentando a los gatos comunitarios. Sorbiendo su café, habla de Brisa y Robe y, mientras la música del cantautor extremeño revolotea en su cabeza, reivindica los derechos constitutivos de los felinos. Habla de Raíz como un concepto que va más allá del origen, estirpe o terruño. También como algo más que la raigambre común que une a los vecinos de un lugar que es utopía ya presente, a la vez que su proyecto de futuro. Porque cuando Sara habla, café en mano, de Amapola, Flor, Tallo, Brisa, Robe y Raíz, se está refiriendo a seis de los noventa gatos comunitarios por los que medio pueblo se desvive día tras día. Porque estos -y Selva y León y Barrigota y Pomelo e Indie y un largo etcétera- son reflejo de esa comunidad que, uniendo esfuerzos, se ha implicado en una causa común que es ejemplo de un camino a seguir.
Sara sabe que salvar a los gatos también salva, de alguna manera, a Romangordo porque hace de este lugar un sitio más amable. Pero de esto no habla. Esto lo disfruta cada día -café en mano.


