La polémica Dogue, de Olga Portnaya

¿Arte trascendente o frívola explotación?

Tributo, vanguardia, trascendencia. Plagio, kitsch, frivolidad. Una seria apuesta por aunar moda y fotografía. Ironía canalizada a través del arte digital como crítica al extremismo de la alta costura. Encuentro y fusión de los mundos cánido y humano. Extrema y doliente humanización de los perros. Todo, parte o nada de todo esto puede significar Dogue, el suplemento de moda que, de forma irregular pero contundente, publican Olga Portnaya y su equipo de Tasty Work.

Estudiante de Bellas artes y con un máster en matemáticas, Portnaya (ca.1983) se hizo viral en Instagram desde 2019, gracias a la creación de una serie de portadas ficticias de revistas reales, pero protagonizadas por perros. Así, National Pawgraphic, Spawrts Ilustrated o Bazbark, recogen el testimonio canino de National Geographic, Sports Ilustrated o Bazar, reproduciendo temáticas, referencias y diseños. Mimi Bear, su pomerania rescatada, pronto se convirtió en musa haciendo consciente a la artista de la ausencia de una plataforma que presentase a los perros como protagonistas culturales y estéticos. Ese nicho por explotar, la necesidad de “celebrar a los perros” y las posibilidades del mundo digital, llevaron a Portnaya a convertir una de esas Coverdogs en un proyecto más complejo: un magazín completo.

Nace así, en 2021, Dogue, una revista disponible en formato físico o virtual, donde los reportajes de moda, complementos, belleza y cuidados, se entremezclan con entrevistas y artículos vinculados a la cotidianidad de diferentes canes. Hay secciones sobre la historia de las razas, las dedicadas a perros de celebridades (los (furfluencers”), de viajes y alojamientos (“5-Star RE-Treats”) y hasta de bodas caninas. Y hay, para quien se acerque a ella por primera vez, un puñado de preguntas que permanecen revoloteando en la cabeza: ¿Es este “Vogue” canino un simple plagio? Para Condé Nast, editores de la famosa revista de moda, lo es. La demanda a Olga y a su equipo está camino de los tribunales. ¿Es una frivolidad que, ensalzando al animal, se objetualice para explotarlo lúdicamente? Visualizar a un perro -vestido, enjoyado y repleto de complementos- sometido a una interminable sesión fotográfica, puede resultarnos cruel. ¿Se trata, por tanto, de una extrema y doliente humanización del animal o es un sano encuentro y fusión de ambos mundos?

Cat&Dog Tank ve en Dogue algo más que un proyecto holístico y divertido sobre la cultura canina. Vemos tributo, vanguardia y trascendencia. Y lo vemos porque sirve para visibilizar a los perros abandonados, para recordarnos (algo siempre necesario) la importancia de la acogida, la adopción y la defensa animal en su totalidad. Vemos que fotografían a todo tipo de perros (mestizos, abandonados, enfermos) siguiendo un protocolo que prioriza al animal, aprovechando sus movimientos, con largas pausas, premios, y siempre acompañados de su humano de confianza. Vemos que muchos de los complementos y vestidos son producto de la manipulación digital, de la post edición. Lo vemos, porque existe un compromiso firme con refugios, instituciones locales y organizaciones como ASPCA (parte de la venta de cada ejemplar va destinada a ellas). Lo que vemos, en definitiva, es ironía canalizada a través del arte digital. Arte al servicio del animal.

Y tú, ¿qué ves?

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