Triple eclipse total de corazones (I)

Bonnie Tyler, una mujer humilde y generosa

Se hizo de día y, a pesar de ser 8 de julio, el sol no quiso alumbrar. No lo hizo ni en Portugal, ni en el Reino Unido, ni en la Animal Charity Foundation. No es que estuviese nublado o una tormenta huracanada invadiese el cielo. Tampoco -no todavía- era el momento del tan anunciado eclipse. Ese día, simplemente, el sol tiñó de luto la bóveda a la que miramos cuando soñamos despiertos; esa por la que vuelan pájaros y cometas, esa que alberga el viento que nos da oxígeno para respirar. Y es que ese gesto que hizo el sol, tan honesto y solidario, fue su forma de rendir tributo a esa mujer tan humilde y generosa, Bonnie Tyler, que consiguió eclipsarnos durante décadas con su rasgada voz. Una voz que se rompió por primera vez tras un grito desesperado durante la convalecencia de una operación en sus cuerdas vocales. Una voz que, el pasado 8 de julio, acabó por quebrarse definitivamente.

Y es que Bonnie Tyler (1951-2026), además de una leyenda del rock y parte de la banda sonora de nuestras vidas, fue también una de esas personas que dio voz a quienes no la tenían. Humilde y generosa, regrabó en 2013 uno de sus grandes éxitos (“Holding Out for a Hero”) para recaudar fondos para la BBC Children in Need, una ONG que ayuda a menores de edad en situaciones de pobreza, enfermedad, discapacidad o abuso. Humilde y generosa, fue embajadora de la ya nombrada Animal Charity Foundation en Portugal, ayudando a animales enfermos y heridos, y colaborando con la alimentación de gatos y perros callejeros. Junto a PETA UK, humilde y generosa, luchó contra la experimentación animal, adhiriéndose a la campaña de la BUAV (British Union for the Abolition of Vivisection) que abogaba por la adopción de gatos, perros y otros animales usados en los laboratorios y que terminaban sacrificados tras los ensayos.

En su New Seeds of Contemplation, afirmaba Thomas Merton (1915-1968) que mientras “el orgullo nos hace artificiales, la humildad nos hace reales”. Bonnie, nunca se comportó como la estrella que era, porque ella siempre fue real. Hay que “dar como quisiéramos recibir: alegremente, rápidamente y sin vacilación”, sentenciaba Séneca (4 a.C-65 d.C) en su De beneficiis. Tyler jamás vaciló en desgarrarse la voz -igual que en aquel primer grito- para que la causa animal tuviese la suya propia. Tal vez, esta sea la doble lección más importante que nos ha legado la galesa: que, siendo humildes y generosos, nunca dejaremos de brillar. Aunque no seamos astros.

Once upon a time, I was falling in love

But now I’m only falling apart

There’s nothing I can do

A total eclipse of the heart

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