Sképsis, el escéptico anciano gato de Pirrón de Elis

«No hay un bien o un mal por naturaleza»

«Es costumbre extendida entre mis congéneres y otras criaturas el venir a mí en busca de consejo. Deduzco que las canas que pueblan mi bigote hacen brotar en ellos la ilusión de que en mi ser habita la verdad, como si esta fuese un algo de naturaleza inamovible y yo un oráculo capaz de transmitirla. Tales nociones, sin embargo, no parecen tener un asidero que las sostenga. Por eso, y dado que la verdad y la mentira, la opinión y el conocimiento, el bien y el mal, nunca son absolutos por sí mismos, sino relativos a quienes así los perciban; yo me abstengo de dar respuesta alguna. Lo contrario sería mantener una actitud dogmática y, es bien sabido que quien conduce su existencia con dogmas acaba pretendiendo certezas injustificadas. Por ello, si algún consejo debo dar sin caer en la aporía, no es otro que el de permanecer en las preguntas, atravesarlas atentamente con la mirada, antes de caer en la tentación de aferrarme a una respuesta falaz y por tanto improductiva. Hacer uso de la epoché, suspender el juicio, abstenerse de afirmar o negar, y construir desde la duda -habitándola-, es la única actitud que promuevo como vía y salvaguarda para alcanzar la ataraxia: la imperturbabilidad del alma.

Sirvan como ejemplos de lo hasta aquí dicho, los que siguen. Si las nubes, convocadas en un estrecho tramo del cielo, vierten agua en forma de lluvia, uno podría juzgar que tal evento podría dañar su pelaje convirtiéndolo en poco más que una esterilla mojada, mientras para otro el agua acumulada en charcos le serviría para saciar su sed. La lluvia, por tanto, no es buena o mala de por sí; pero mostrarnos indiferentes ante ella nos encamina hacia la ataraxia. Valga la misma reflexión para la actitud que Pirrón, mi discípulo humano por excelencia, predica con su propio ejemplo. Él se comporta de modo consecuente con la vida, sin evitar nada ni precaverse de nada, haciendo frente a todo, carros que pasan, precipicios, perros y cualquier cosa, sin hacer concesiones a los sentidos[1], fuente de engaño. Ahora bien, si, como le sucedió el otro día al propio Pirrón, uno se ve atacado por un perro y decide subirse a un árbol para protegerse, su comportamiento no debe ser juzgado como contradictorio ni ser objeto de burla. Ser escéptico no significa abrazar un canon dogmático inamovible, sino más bien mantener una actitud ética coherente ante la vida. Una ética que promueve no dejarse afectar para no perturbarnos inútilmente la existencia. No hay aporía alguna en la actitud de Pirrón porque siempre es difícil liberarse de lo que uno es. Él es humano y yo un gato: un gato que tampoco permanecería impasible ante un peligro.

Está empezando a llover. ¿Importa?

Me mantengo en la duda que plantea la pregunta».


[1] Reinterpretación de las palabras de Diógenes Laercio DL, IX, 62, en relación a la actitud de Pirrón de Elis.

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