Huellas en la arena y en el césped: huellas que construyen caminos
Aún huele a tostadas y al olor inconfundible del café recién hecho. Y ese olor, que es cotidiano, y como tal, pasa desapercibido, hoy cobra un significado diferente. Y es diferente porque ya no se mezcla con el aroma del salitre impreso en la toalla colgada de la barandilla, ni con el del terruño adherido a los tacos de las botas que subieron aquella montaña, pisaron un charco o reposaron junto al río. Es el mismo olor, pero diferente aroma. Es el mismo olor que tiene el perro tras la lluvia, pero no el aroma de cuando se baña contigo en el mar, una noche de eclipse. El mismo olor que tu gata emana bajo las invernales sábanas, pero no el aroma que trae en su pelaje después de retozarse contra el césped. Mismo olor, diferente aroma.
Al preparar la cafetera con ansia, se me cae café al suelo. Busco las gafas de ver, pero solo encuentro las de sol. También las de buceo. Septiembre es ese extraño mes en el que las pertenencias de la maleta a medio deshacer se mezclan con las que has de poner en la bolsa del trabajo o en la mochila de la escuela. Alguien pisa el café del suelo y la huella me hace volver al verano que está pereciendo. Vuelvo a la montaña y a la playa. A las alegres pisadas que Sam dejaba en la arena antes de meterse en el mar y saltar las olas. A las sobremesas en familia y a la voz de la persona a la que amo atravesándome desde su mirada. Vuelvo a la feria, a los coches de choque, a las orquestas, a los conciertos, a los amigos. A las huellas que Casiopea dejaba en la hierba durante sus nocturnas “cacerías” de insectos. Vuelvo al eclipse que me eclipsó, al gol de Ferrán que valió un Mundial y a los tristes fallecimientos de Pepe Habichuela, Bonnie Tyler, Glen Hansard y Dolly Parton. Vuelvo al presente con la huella de lo ya vivido.
Mientras sale el café -con el mismo olor, pero diferente aroma-, limpio el estropicio del suelo. Y al hacerlo, soy consciente de que esa huella es idéntica a la que millones de gatos, gatas, perras y perros han dejado en otros millones de personas. La misma que ha inspirado a un puñado para pintar, esculpir, rodar, escribir, escenificar, edificar, investigar y filosofar sobre sus experiencias vividas. La misma que Cat&Dog Tank quiere recuperar para que no sea una huella borrada en el camino.
Hemos deshecho las maletas, preparado cafeteras y revisitado muchas huellas. Estamos de vuelta -con el mismo olor, pero aún mejor aroma- para construir con ellas nuevos caminos.
¡Miau! ¡Guau! Empezamos.

