Insanity, el gato inclasificable de Michel Foucault

Retrato en blanco y negro del filósofo Michel Foucault con gafas, sosteniendo la cabeza con ambas manos y mirando fijamente a la cámara.

«El biopoder no es ya el poder de dar muerte, sino el poder de hacer vivir y dejar morir»

«Embalsamados, amaestrados, dibujados con un pincel finísimo de pelo de camello, fabulosos, que de lejos parecen moscas, perros sueltos… Este Borges es exceptionnel»[1].

«Michel ya está otra vez con la arqueología de las palabras. Clasifica animales de manera irónica para demostrar que la estructuración de los discursos es lo que determina cómo ordenamos el mundo y los seres y cosas que habitamos en él; y que estas mismas estructuras suelen ser arbitrarias o contingentes. Yo sé que soy inclasificable.»

«Las palabras se imponen a la realidad determinando qué conocemos y pensamos sobre ella. Sin embargo, está claro que no existe una relación estable entre esas palabras que funcionan de continente y aquello a lo que refieren -su  contenido-. Por ejemplo, reducir a un ser vivo a la categoría de “que se agitan como locos” responde al campo dinámico en el que se juega la constitución de un sujeto y las relaciones de poder que giran en torno a él»

«Cuando me acaricia, Michel repite mi nombre recordándome que un loco no es más que quien se refugia en su animalidad para resistir al límite de las categorías establecidas entre lo humano y lo no humanos. A mí no me preocupa lo que piensen de mí.»

«La naturaleza del loco es considerada temible. Es por ello que sobre él se ejerce una suerte de control y aislamiento. Este poder sobre la vida, o biopoder, asegura la preservación, monitoreo y regulación de los seres vivientes más allá de los ya ejercidos por la ley y la soberanía»

«Michel dice que el interés por gobernar la vida en términos biológicos se extiende a todos los animales. Dice que nuestras vidas, vigiladas y gobernadas, están subordinadas al progreso capitalista y de los Estados. Por ello, dice, existen granjas, zoológicos, laboratorios y mataderos. Yo no me cuestiono si él o alguien me dan permiso para hacer algo: tan solo respondo ante mi animalidad»

«Aunque nos opriman directa o indirectamente a través de normas y preceptos morales, es nuestro deber ético cuidar la relación con uno mismo y con el resto de los seres para ganarle un espacio de libertad a ese poder»

«Tal vez esté loco al pensar que tengo la responsabilidad de gobernarme a mí mismo para así tener la libertad de vivir una vida bella. Tal vez lo está quien no es consciente de que los gatos -y el resto de los animales- somos sujetos autónomos que no deberían ser subordinados al capricho de un “propietario”. Tal vez la locura auténtica sea no entender que las categorías “humano” y “no humano” son continentes vacíos que no refieren fielmente a la esencia de lo que pretenden contener»


[1] En el prefacio de su obra “Las palabras y las cosas”, Michel Foucault recoge una clasificación de los animales tomada de Borges y que este atribuye a una enciclopedia china. 

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