Linda, la perra de Emilia Pardo Bazán

Retrato en blanco y negro de Emilia Pardo Bazán sentada ante una máquina de escribir, concentrada mientras sostiene el papel con una mano

«Todas las mujeres conciben ideas, pero no todas conciben hijos»

Emilia ha escrito un cuento sobre mí. Lo sé porque, además de llevar mi nombre por título[1], define exactamente cómo soy: un lujo del corazón[2]. También sé que los resabidos machos humanos que critican libros no han entendido nada de lo que ha escrito Emilia. Estos se han creído a pie juntillas que soy una hembra nerviosa que no se acostumbra al abandono, que bostezo lloronamente cuando llega mi “amo” y que uso mi libertad para cometer desmanes inconvenientes. Por supuesto, y aunque demasiados machos humanos (y también algún que otro perro que conozco) suelan pensar en nosotras en estos términos, ni yo soy así, ni ninguna de vosotras lo sois.

No somos seres frágiles, sino vulnerables. Vulnerables ante un mundo que prioriza lo material sobre la dignidad; que nos gobierna como ciudadanas de segunda, objetos a poseer o simples bestias a las que domesticar. Un mundo masculino que nos oprime bajo un deber de silenciosa fidelidad reduciéndonos a los designios y caprichos de un macho que nos guíe. Un mundo, en definitiva, que nos quiere dentro de casa y nos valora en tanto que receptáculos que sirven para crear vida y, por tanto, familia.

Pero nosotras no somos eso. No somos árboles frutales que sólo se cultivan por la cosecha, ni perras obligadas por los machos humanos a aparearse, una y otra vez, para lograr la raza perfecta o sacar beneficio de la vida que engendramos. Las mujeres tenemos nuestro propio destino. Nuestros primeros deberes naturales son para con nosotras mismas, no relativos y dependientes de la entidad moral de la familia que en su día podremos construir o no construir. Porque la mujer que hoy decide no ser madre, está en su derecho. Sobran cachorros de todas las especies animales que adoptar y alimentar; como sobran oprimidos, maltratados y explotados en este mundo.

Y eso es lo que los machos humanos que critican libros no han entendido entre las líneas del cuento que lleva mi nombre: que el hombre oprime a la mujer, de la misma forma que lo hace con el resto de los animales. Porque como la mona Piña y el burro Peludo de los otros cuentos de Emilia[3], la perra Linda -la del libro- no es solo una metáfora de lo que les ocurre a las mujeres del mundo; sino también una representación de lo que nos pasa a todos los animales.

Emilia ha escrito un cuento sobre mí. Y también sobre todas vosotras.


[1] Linda forma parte de la colección Cuentos del hogar (1893) de Emilia Pardo Bazán.

[2] Todas las expresiones en cursiva pertenecen o parafrasean a Emilia Pardo Bazán.

[3] Piña forma parte de la colección Cuentos nuevos (1890) y La Navidad de «Peludo» pertenece a Cuentos de invierno (1893) de Emilia Pardo Bazán.

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