«Lo que yo no puedo ver de mí mismo, puede que lo vea el Otro»
«Entro en el baño. Quiero usar el arenero. El humano que vive conmigo sale de la bañera.»
«Salgo de la bañera y veo a Logos, hierática, fijándome con la mirada. Estoy desnudo, sin nada que me signifique, ni nombre, ni atributo; desnudo incluso sin desnudez papular ante la mirada del gato[1]. Me avergüenzo, y su mirada muda revela mi vulnerabilidad sin artificios de vestimentas; sin la posibilidad de dialogar con ella. Frente a Logos siento que de nada sirve mi protector logos humano.»
«El humano que vive conmigo me mira ininterrumpidamente. Quiero usar el arenero, como hacemos los animales como yo.»
«El animal me mira, y, al hacerlo, se ve obligado a ser visto desnudo, tan desnudo como un animal. En realidad, no hay asimetrías entre nosotros: somos seres irreductibles desafiando las dicotomías humano/animal y lenguaje/silencio. Porque ella no es “el animal” inserto en una categoría cerrada y jerárquicamente inferior a mí; sino un animal concreto expuesto, como yo, a su finitud: un animot[2]. Estoy desnudo ante un ser vivo singular que no deja de fijarme.»
«El humano que vive conmigo sigue mirándome. Estoy nerviosa. Me lamo un costado con ímpetu. Veo su pelaje. Está desnudo»
«Sens desnuda. El sentido como sentido desnudo, desencarnado, que sostiene el aparecer de lo que aparece. Es decir, el sentido que aún puede ser dado de manera diferente al que ya se ha significado en estructuras binarias. Los humanos somos logocéntricos y fonocéntricos, separando al resto de los seres animados e inanimados. Tan solo un análisis que revele las contradicciones internas existentes en los conceptos y los textos que estos componen -donde todo significado es, en realidad, diferido e inestable-, revelará una ética de la vergüenza y la hospitalidad. Tenemos que deconstruir este mundo indiferente hacia los animales: no humanos y humanos.»
«El humano que vive conmigo mira el cuadrado de la pared donde aparece otro humano igual al que vive conmigo. Cierra los ojos. Los abre. Echa aire por la boca. Después para.»
«Tal vez la gata, al interrumpir sin haber sido invitada, esté exigiendo una respuesta ética. No una hospitalidad condicionada cuyas leyes regulan derechos en base a un criterio de soberanía; sino una hospitalidad incondicional, pura. Ese “don” radical de recibir al Otro sin exigirle absolutamente nada, suspendiendo cualquier tipo de dominación para con ningún ser. Esa ética que expone nuestros sufrimientos y miedos; que no trata a los animales como propiedad; que prioriza la compasión sobre los indefensos subyugados por el discurso dominante. El discurso de unos pocos humanos.»
«El humano que vive conmigo sale del baño. Lo miro coger ese palo con el que escribe. Su energía se ha equilibrado. Uso el arenero.»

[1] De “El animal que por lo tanto soy” (2006)
[2] Con el término animot, Derrida fusiona fonéticamente animaux (animales) y mot (palabra) para deconstruir la noción genérica de “el animal” en favor de una concepción singular de cada individuo.

