Un Winner por la adopción
El pasado 2 de mayo, tras vencer el Open de Madrid celebrándolo con una voltereta hacia atrás, la ucraniana Marta Kostyuk (2003) posó con sus dos perros, Mander y Cheech, en la pista de la Caja Mágica. La imagen no era nueva. El año anterior, en Washington, la rusa Anna Kalinskaya (1999) hacía lo propio con Bella, la dachshund que le acompaña a lo largo del circuito internacional como parte de su crew. No han sido pocas las voces -como en tantos otros temas- que han querido ver en ambos gestos la necesidad de fortalecer una posición mediática. Construir influencia personal, ya sea para crear una marca, ya sea para fortalecerla mediante lo que el teórico de la comunicación Marshall McLuhan (1911-1980) denominó “el medio es el mensaje”; puede generar un clima de desconfianza -cuando no de abierta hostilidad- entre las diferentes audiencias. Y esto es lo que ha sucedido en Madrid. Así, mientras algunos han visto natural que los perros estuviesen en la cancha por ser considerados miembros de la familia Kostyuk; otros han querido ver la presencia de los cánidos como simple “postureo”.




Que el tenis es un deporte que exige un duro trabajo físico y psicológico es una certeza. Que la presencia de un can podría ayudar a las tenistas a equilibrar cuerpo y mente, tal y como lo comprobamos quienes lo experimentamos cada día, es una posibilidad. Algo así podría haber sentido la checa Martina Navratilova (1956) quien viajó con su terrier K.D durante 16 años levantando títulos por todo el mundo. Quizás, tenistas como la bielorrusa Aryna Sabalenka (1998), el alemán Alexander Zverez (1997), o la polémica estadounidense Danielle Collins (1994), piensen que haber adoptado a Ash, Pop o Crash respectivamente, sea una forma de win-win donde ambos seres pueden tener una segunda “bola de partido”. O también puede ser que, para algunos, ayudar a los perros, gatos y demás animales, sea una forma de vida existente más allá del propio tenis (porque la tienen), creando refugios como el adoptas.org del español Alejandro Davidovich (2000) o el ShapoShelter del canadiense Denis Shapovalov (1999). Pero todo esto, para algunos, puede seguir siendo un intento de fortalecer la posición mediática. Un quedar bien que, además, objetualiza al animal. Como no lo sabemos, tan solo podemos enumerar otras certezas:
-Cada vez somos más las personas -tenistas o no, famosas o no- que queremos compartir nuestras vidas con perros, gatos y demás animales. (15-0)
-Haciéndose eco de las necesidades derivadas, gobiernos y órganos competentes legislan para hacer posible una convivencia responsable y equilibrada en los espacios públicos. (30-0)
-Los espacios privados como restaurantes, hoteles y recintos para eventos están cada vez más abiertos a recibir perros. Ahora, también las canchas de tenis. (40-0)
-Adoptar y difundir la adopción de cualquier ser vivo es una empresa moralmente correcta y éticamente necesaria. (Set y partido)




En Cat&Dog Tank (también) tenemos la certeza que queremos ver más perros en las canchas, ya sea acompañando, queriendo, equilibrando y disfrutando de sus tenistas, o recogiendo pelotas como ocurrió en el partido promocional del torneo de Auckland en 2015. Pero, además, nos hacemos una pregunta: Si el amor por los animales, dentro y fuera del tenis, es un hecho que no entiende de nacionalidades, sexos, ni opciones políticas o religiosas; ¿por qué no extender este afecto a todas las personas independientemente de su nacionalidad, sexo, opción política o religiosa?
Sigamos jugando.


