Entrevista a Sara Ramiro

Sara Ramiro acariciando a un gato tricolor en una calle de pueblo con casas tradicionales al fondo.

Sara Ramiro nos recibe en su lugar de trabajo, una habitación donde el único mobiliario lo conforma una pequeña mesa con un ordenador y unos archivadores. El resto son jaulas, rascadores, mantas y todo tipo de cachivaches felinos. El “despacho” de Sara es un lugar de acogida para gatos. Tres hermosos ejemplares (León y las hermanas Brisa y Selva) esperan a ser adoptados. Parecen tranquilos. Tal vez porque saben que están con Sara.

C&D: ¿Cuándo nació tu compromiso por ayudar a los gatos comunitarios?

SARA RAMIRO: Nació cuando emigré a Inglaterra en 2018 e hice voluntariado en un refugio felino. Allí -una casa donada específicamente por un hombre para ese fin en su testamento-, colaboraban mujeres, sobre todo jubiladas, que ayudaban a los gatos abandonados. En Inglaterra apenas existen colonias felinas sin controlar, tal y como las conocemos en España porque empezaron a aplicar el método TNR (nuestro CER) en los 70 y 80, pero sí el abandono debido a la cría particular para la venta por Internet. De hecho, la primera gata que adopté debía tener unos tres o cuatro meses cuando la lanzaron dentro del refugio, tirándola por encima de la valla. Ahí empecé a comparar las problemáticas inglesa y española, siendo consciente de la naturalidad con la que había crecido en el pueblo viendo gatos comunitarios a mi alrededor, sin darme cuenta de que esto no estaba bien. Entonces le planteé a mi madre, desde la distancia, que podíamos ayudar a los gatos de una colonia que había al lado de casa. Encontramos un proyecto de la Facultad de Veterinaria de la Universidad de Cáceres que estaba empezando a aplicar el método CER y les contactamos. En enero de 2019, gracias al apoyo de este grupo, pudimos esterilizar a 12 gatos.

C&D: O sea, que tu primera captura fue a distancia.

SARA RAMIRO: Exacto. Todo por haber liado a mi madre y a mi hermana. El caso es que vimos lo maravilloso que era el CER (de aquella colonia ya solo quedan 3 ejemplares a día de hoy) y cuando, en 2023, tras volver de Inglaterra y ver lo imposible que estaba el acceso a la vivienda en Madrid, acabamos instalándonos en Romangordo. fuimos conscientes de la magnitud de la situación. En febrero, en plena época de celo: ruidos, peleas y animales heridos. Estamos hablando de un lugar con aproximadamente 250 habitantes y casi un centenar de gatos. El caso fue que mi pareja y yo nos compramos dos jaulas trampa, hicimos una formación online y empezamos a capturar gatos para esterilizarlos. Pronto entramos en contacto con una vecina que quería esterilizar a una colonia que vive en su jardín. Estaba tan desesperada que hasta intentaba capturarlos a mano. Le ofrecimos nuestra ayuda y nos pusimos en contacto con una asociación de un pueblo vecino para que intercediese facilitándonos el acceso a sus veterinarios, ya que no conocíamos a nadie aquí que estuviera especializado en cirugía CER. Ese día, lo recuerdo perfectamente, la mujer pagó toda la factura y esterilizamos 9 gatos comunitarios.

C&D: ¿Así nació la Asociación Felina de Romangordo?

SARA RAMIRO: Ese fue el germen porque, a raíz de este caso con esta vecina que ahora es la vicepresidenta de la Asociación, fuimos conscientes de que, para seguir adelante, debíamos hacer la situación económicamente sostenible y dar forma jurídica a la agrupación de vecinos y vecinas que compartíamos un mismo interés para hacerlo legalmente posible. En aquel entonces, hicimos un sorteo de una cesta de productos extremeños con mil papeletas a un euro y, gracias a la acogida por parte de los vecinos, pudimos esterilizar a 30 animales. Reunidas en Asamblea, 12 personas fundamos la Asociación y presentamos al ayuntamiento una propuesta de proyecto CER para que accediese a las subvenciones que concedía el Estado para la gestión de colonias felinas. Hoy, somos 49 personas asociadas.

C&D: 4.-En vuestra web habláis de Proyecto colaborativo entre vecinos…

SARA RAMIRO: …Y efectivamente lo es. Aunque yo sea un poco la persona que da visibilidad al proyecto, sin la aceptación, colaboración, participación e implicación de los vecinos, no podríamos estar haciendo esto. Para mí todo este tema tiene un gran enfoque social. La cuestión de los gatos comunitarios es una parte, pero, por ejemplo ¿cuántas personas que alimentan tienen necesidades afectivas o de reconocimiento que solo reciben de los animales? Nosotros queremos remarcar el valor social de las personas que viven aquí, en Romangordo, y hacer de este pueblo un lugar amable, sostenible, donde se trata bien a los animales. Y esto lo hace su gente. Me sorprende cómo las administraciones no ven esto, que tiene una carga social tremenda.

C&D: ¿Qué apoyos y dificultades os encontrasteis cuando iniciasteis vuestra andadura?

SARA RAMIRO: Al principio, algunas personas no entendían que hacíamos esto por amor a los gatos, pensaban que les hacíamos daño o que si los esterilizábamos iba a ver más ratones en el pueblo y cosas por el estilo. Hemos sufrido mucho la desinformación con respecto a la gestión ética que intentábamos hacer. Sufrimos las miradas silenciosas cuando íbamos a alimentar o a capturar para esterilizar. Pero claro, enseguida nos dimos cuenta de que había muchas más personas que también alimentaban y que, como nosotros, lo hacían a escondidas o sin darle el valor y la importancia que realmente tiene el cuidar día a día a los animales. Entonces empezamos a hablar con los vecinos y a tratar de localizarles. Luego vino lo de la cesta y pensamos que las personas tenían ganas de colaborar. Hace unos meses publicamos un video en el que recibimos una gran donación de alimentos de una página web y vinieron muchas personas a ayudarnos a descargar el camión.

C&D: ¿Cómo se cambia la mentalidad con respecto al bienestar animal y la cura de los gatos comunitarios en un entorno rural?

SARA RAMIRO: Tomando muchos cafés con gente con la que no te los tomarías a priori si estuvieras en otro entorno. Ten en cuenta que, en un pueblo, las redes sociales no funcionan; funciona el día a día, la convivencia. Sentarte a hablar con alguien y explicarle qué estás haciendo y por qué. Además, esta es la forma de conocer las problemáticas de los demás y convertirte en parte de la solución. Compartiendo un café, entiendes que muchas personas ni siquiera se han hecho ciertas preguntas con respecto al bienestar de los gatos, que reproducen tradiciones heredadas porque “siempre se ha hecho así”. Entiendes que no los odian, que los quieren de otra manera siguiendo “lo tradicionalmente establecido”, en un contexto de desconocimiento y falta de formación. Por ello, para mí es esencial entender esto y apelar al diálogo como primera vía antes que a la denuncia (siempre que estemos hablando de promover un cambio de actitud, por supuesto en casos de maltrato animal siempre hay que denunciar) e intentar formar a las personas en cuestiones que para los que estamos en protección animal son básicas, pero que son desconocidas para muchas personas que no han tenido acceso a esos recursos ni a esa formación. A raíz de sentarte y hablar con la gente, ves que muchas personas se habían empezado a dar cuenta de que esos gatos estaban, o sea, de que estaban en el sentido de que eran animales de la calle, seres vivos como sus propios perros. Creo que, tomando cafés, puedes explicarle a alguien que la solución pasa por aplicar el método CER y convivir con los gatos porque estos son “comunitarios”; es decir, responsabilidad de todos.

C&D: ¿Crees que, en general, existe mucho maltrato al gato comunitario en los pueblos?

SARA RAMIRO: Creo que sí a nivel general, por lo que me cuentan los compañeros y las compañeras de otros pueblos; pero tengo que decir que, a nivel particular, en Romangordo, no lo hemos sufrido desde que estamos trabajando aquí. Como me consta que antes sí ha habido casos, me siento muy afortunada de que esto haya cambiado y quiero poner en valor cómo el pueblo ha reaccionado y cómo ha tratado esta situación, con la madurez suficiente para entender que otro tipo de gestión es posible.

C&D: ¿Cómo se establece un control de gatos en un pequeño pueblo?

SARA RAMIRO: En realidad, nosotros no hemos inventado nada. Al empezar, nos cogimos la DIRECTRIZ TÉCNICA DE LA DIRECCIÓN GENERAL DE DERECHOS DE LOS ANIMALES SOBRE GESTIÓN DE POBLACIONES FELINAS y aplicamos el enfoque territorial que corresponde a nuestra zona (zona rural con población estacional). Se empieza mapeando, localizando los espacios donde hay gatos, generalmente junto a los cubos de basura, como seguramente ocurrirá en la mayoría de municipios con características similares al nuestro, y se crea un censo. La colaboración de los cuidadores es esencial. Cuando empezamos, les pasamos unas hojas donde anotaban nombre, color de pelo, sexo, edad aproximada y observaciones sobre su estado de salud. Después, para optimizar el dinero al máximo, se aplica el método CER a una colonia y, hasta que no se esterilizan el 90% de los ejemplares o se termina, no se pasa a la siguiente. Así hemos esterilizado a 110 ejemplares.

C&D: A la hora de aplicar el CER ¿Cómo priorizáis una colonia sobre otra?

SARA RAMIRO: Al principio, seleccionábamos la colonia en función de la facilidad de las capturas (siempre es más fácil cuando hay cuidadores que conocen bien a la colonia y te ayudan con ello) y, cuando terminamos con las más sencillas, empezamos a priorizar por la cantidad de hembras reproductoras y después, simplemente seguíamos por ese orden. Ahora que hemos esterilizado entorno al 90%, nuestra función es más de coordinación: centralizamos el reparto de comida y, cuando vamos a hacer una captura, siempre estamos con los cuidadores de esa colonia. Esto es una tarea en equipo y no se puede ver de otra manera.

C&D: ¿Qué impacto psicológico y emocional tiene gestionar una colonia en el día a día?

SARA RAMIRO: Muchísimo. Está la carga psicológica de gestionar sanitariamente tantos animales, sacar adelante tantas adopciones; la tensión de tener que atender una emergencia ya que tenemos las urgencias veterinarias a 100 km; el no tener un espacio para poder acoger a más gatos… Todo eso, al final, te genera un estrés en tu día a día. Por no hablaros de cuando se está en campaña intensiva de esterilizaciones o las tensiones burocráticas. Al final es muy difícil que alguien que no lo haya hecho entienda el agotamiento mental que supone.

C&D: ¿Y cómo crees que afecta a las personas que alimentan?

SARA RAMIRO: En Romangordo, a día de hoy, creo que la situación está mucho mejor que hace unos años. Sé que durante mucho tiempo se les ha tratado fatal porque se les culpaba de que hubiese más gatos, aunque, como he comentado anteriormente, estas personas eran conscientes de la problemática y ya habían esterilizado a los ejemplares que podían manejar. Ahora es de otra manera porque ya no se tienen que ocultar. Visibilizarlos ha sido muy importante para la gente mayor, mujeres y hombres (que también hay muchos, aunque de forma mayoritaria esta tarea la realizamos las mujeres), porque llevaban años diciéndoles que lo que hacían estaba mal. Además, como desde la Asociación centralizamos el reparto de pienso, gracias a los ingresos de donaciones y subvenciones que permiten realizar este gasto para todos los animales del pueblo, les estás quitando un gasto en alimentación que antes sí tenían; y saben que, si tienen un animal enfermo, basta que nos llamen para que les ayudemos. El haber reducido ese gasto en alimentación hace posible, además, que puedan gastar más en cuidarlos sanitariamente, por ejemplo, desparasitándolos más a menudo.

C&D: ¿Qué papel desempeña vuestro ayuntamiento y los organismos institucionales extremeños en la aplicación del método CER en Romangordo?

SARA RAMIRO: El proceso es lento y costoso. Cuesta mucho concienciar a la administración de que esto es algo necesario, además de obligatorio. Como gran éxito, en 2025 hemos conseguido que se esterilicen 50 gatos (de los 110 totales que hemos esterilizado) a través de la “Subvención a entidades locales destinadas al control poblacional de colonias felinas” de la Dirección General de Derechos de los Animales que recibió el Ayuntamiento en 2025, pero no ha sido un camino fácil. También hemos logrado una subvención nominativa de 3000 euros a la Asociación para hacer CER, aunque nuestro objetivo real es que el Ayuntamiento tenga una partida propia de bienestar animal y que la gestión de colonias no dependa en exclusiva del presupuesto de una subvención a la asociación local, pero sabemos que esto es mucho más de lo que tienen otros/as compañeros/as en sus municipios hoy en día (aunque no debería ser así). Nuestro siguiente objetivo es que se establezca un convenio con una clínica veterinaria para atender las urgencias veterinarias, como indica la ley, y que esta atención no dependa del presupuesto de la subvención nominativa como hasta ahora, ya que estos casos absorben prácticamente el presupuesto anual (que no puede dedicarse a seguir avanzando en otras cuestiones).

C&D: ¿Hasta qué punto consideras que los consistorios están formados en materia de bienestar animal? ¿Se cumple con la Ley?

SARA RAMIRO: Creo que, en general, no hay formación a nivel de bienestar animal, ni se cumple con la Ley. En Extremadura, el CER se está desarrollando en poquísimos pueblos a nivel institucional; y, sin embargo, tenemos una plataforma con más de 70 personas de municipios diferentes formadas para asesorar técnicamente y hacer la parte práctica. Los Ayuntamientos deberían ser conscientes de que invertir ahora en el CER es un beneficio a largo plazo, porque si no el problema irá a más. Además, que los consistorios miren a otro lado cuando se siguen envenenando a los gatos o matándolos a tiros, que por fin está tipificado como delito penal, es grave. En mi opinión, es esencial que Diputaciones, consistorios, veterinarios, voluntarios y asociaciones se sienten ya a hablar.

C&D: Hemos visto en vuestra web que dedicáis un apartado a la trasparencia económica. ¿Por qué es importante que los ciudadanos tengamos acceso a este tipo de información?

Personas tejiendo mantas de lana de colores sobre una mesa, con varias piezas hechas a mano en primer plano.

SARA RAMIRO: Se trata de ser responsables. Aunque el acceso a las subvenciones es de carácter público, decidimos hacer este ejercicio de transparencia para que los vecinos supiesen de primera mano con qué capital contamos. Lo que mucha gente desconoce es que, cuando pones en marcha un proyecto como este, la financiación corre de tu cuenta y las ayudas que vienen, lo hacen después y no siempre cubren el gasto inicial. Como ejemplo, en 2024 tuvimos 7500 euros de gastos de los que solo recuperamos unos 1300 en concepto de subvención.

C&D: Indagando en vuestras redes sociales, hemos visto que habéis dado una nueva vida a las cajas-colmenas de los apicultores. ¿Nos puedes explicar cómo surge esta iniciativa y qué impacto tiene?

SARA RAMIRO: Fue bastante curioso. En 2024, alimentábamos a los gatos usando las tejas como platos. Pero, claro, llegaba el invierno, con las lluvias, y tuvimos que buscar alternativas baratas porque no teníamos ni un euro. Encontramos en Internet lo de las cajas de las colmenas y enseguida nos pusimos en contacto con dos apicultores que hay en el pueblo, que nos cedieron 6. El carpintero local nos ayudó a prepararlas. A la gente le encantó y empezaron a pedirnos colmenas para sus colonias. Hoy tenemos unas 25 y hemos organizado una actividad de voluntariado para todos los públicos en la que los más pequeños nos han ayudado a pintarlas. Damos así visibilidad también a la diversidad de recursos de nuestro entorno.

C&D: ¿Y lo usáis como punto de alimentación o como refugio para resguardarse?

SARA RAMIRO: Normalmente como punto de alimentación, así no generamos suciedad en la calle, algo básico para la aceptación de las colonias felinas (insistimos siempre en que hay que alimentar de forma ordenada y nunca con sobras de comida en la calle); pero, en algunos casos, en huertos y terrenos privados, también como refugio. Un vecino, incluso, nos ha facilitado el acceso a un corral y allí hemos montado un mini hotel para los gatos. Al final, lo bonito de todo esto es que se trata de un proyecto sinergético que involucra a medio pueblo.

C&D: ¿Algún otro proyecto que estéis desarrollando u otros que tengáis a la vista?

SARA RAMIRO: Una vez leí en un sitio que, para que un proyecto CER saliese adelante, había que involucrar a toda la comunidad, ya que solo así el concepto de “gato comunitario” cobra sentido. Eso es lo que queremos nosotros. En este sentido, por ejemplo, supimos de un grupo de personas de la residencia de ancianos que hacían ganchillo para pasar el rato. Recordando a las voluntarias inglesas del refugio donde todo comenzó, les propusimos si querían hacer unas mantas para los gatos que viven en la calle. Entusiasmados por la idea, desde la Asociación les llevamos lana de varios colores y cada uno, a su gusto, iba confeccionando su manta. Es algo, como te decía, que beneficia a todos los miembros de la comunidad: ellos le dan un sentido a su hobby, se entretienen y ayudan, a su vez, a que los gatos no pasen frío en invierno. Ya han elaborado unas 12 mantas que hemos repartido entre los refugios y las casas de acogida. Lo bonito del proyecto es que las personas estamos conectadas porque nos vemos continuamente y aprendemos mutuamente. Nos gustaría mucho que esta idea llegara a más personas y lugares, porque es una iniciativa muy bonita que permite que las personas mayores que desean mejorar la vida de los animales que viven en la calle, puedan hacerlo, desde su sillón en casa o, como en este caso, desde la residencia.

C&D: Sabemos que este año celebraréis las I Jornadas del CER rural. ¿Nos puedes explicar brevemente cómo surge la idea y en qué consistirán?

SARA RAMIRO: Surge a raíz de un grupo de WhatsApp que hicimos el año pasado, personas de toda Extremadura, para hacer un comunicado de repulsa por un hecho horroroso: el tiroteo de 18 gatos de una colonia en el centro de un pueblo de Cáceres. De ese grupo nació la Plataforma Extremeña de Entidades y Voluntarios/as de Protección Animal (ProAnimalEx) conformada por más de 50 asociaciones y grupos de trabajo de voluntarios/as en diferentes municipios de Extremadura. Lo que buscamos es que el bienestar animal entre a formar parte de las agendas de todos los partidos políticos, que se aplique la Ley y que los ciudadanos estén más concienciados con el tema. Así surgió la idea de organizar unas jornadas sobre gestión integral de colonias felinas en el entorno rural, que serán en octubre y en las que, después de varios meses de trabajo buscando apoyos para sacarlas adelante, hemos logrado que también participen la Dirección General de Derechos Animales, y la asociación FdCats. Se abordará la temática desde una perspectiva nacional, contando con expertas y expertos de toda España y van a ser retransmitidas por streaming. Habrá un día dedicado a las instituciones, ayuntamientos y técnicos; y otra para gestores, cuidadoras y voluntarias. Lo que buscamos es servir de inspiración a consistorios y ciudadanos de cualquier lugar de la España vaciada y demostrar que la gestión ética de colonias felinas en el entorno rural es necesaria y posible. Estamos muy contentos de que se celebren en Extremadura, donde más del 90% de los municipios tienen una población inferior a 10.000 habitantes.

 C&D: Nuestra última invitada a Animales Racionales, Montse Casaoliva, nos dejó una doble pregunta: ¿Alguna vez has atendido a un animal de la calle? ¿Cómo te has sentido? Dado que la primera ya está ampliamente contestada; ¿cómo se siente Sara Ramiro al atender a un animal?

SARA RAMIRO: Tengo sentimientos encontrados siempre, porque a mí lo que más me cuesta de atender a un animal, es tener que devolverlo después a la calle y que no pueda vivir en un espacio seguro. Al primer animal que esterilicé, Cabezorro, lo tuvimos que eutanasiar después de un tiempo en la calle porque estaba muy enfermo con leucemia y no podía ser tratado en la calle. Eso me hizo reflexionar mucho sobre el estrés que tienen que pasar al ser capturados y llevados al veterinario. Tal vez por eso, el saber que tengo que retornarlos a la calle, que no les puedo dar una vida alternativa, pero que, igualmente, esa vida depende un poco de ti durante el tiempo que están bajo tu custodia, me hace sentir muy rara, porque ya has generado esa empatía con el animal. De hecho, cuando hemos realizado capturas para esterilizar por la noche y tengo que llevar a los animales por la mañana al veterinario, apenas duermo. Es un poco lo que hablamos de salud mental, que, aunque queremos, no podemos hacernos cargo de todos ni reducir el estrés que pasan cuando les capturamos. Claro que, cuando salvas una vida, te sientes muy bien. En la gestión de colonias, desgraciadamente, tenemos que vivir las dos caras y hay una parte que es muy dura.

Llaman a la puerta del “despacho” de Sara. Es Miguel, su pareja, que viene a informarle que ya ha puesto el antiparasitario en las latas de comida para los gatos. Sara lo introduce en la conversación para decirle que estábamos hablando sobre salud mental en el entorno de las colonias.

MIGUEL: Hay días que lo quieres dejar; pero cuando ves que un animal es adoptado, te vuelven las ganas. Al principio, lo teníamos que hacer casi a escondidas…

SARA RAMIRO: …sí, aunque sabíamos que muchos vecinos también lo hacían. Hace poco hicimos un curso de gestión de colonias felinas y hemos comprobado cómo a muchas mujeres mayores, pero también hombres, ya no les importa que públicamente las vean ayudando y alimentando. Eso quiere decir que forman parte de un colectivo ¿no? Pues eso lo hemos conseguido dando visibilidad a las colonias.

Miguel se despide y vuelve a la faena porque el sol ya empieza a caer en Romangordo y hay colonias de gatos que esperan su comida.

C&D: ¿Qué pregunta formularías a nuestra siguiente persona entrevistada?

SARA RAMIRO: Haría esta porque es algo que a mí me ha marcado toda mi vida: ¿Cuál fue la primera experiencia que te marcó y que te hizo plantearte la protección animal de otra forma?

C&D: ¿Quieres contestarla tú también?

SARA RAMIRO: Sí. La primera vez que yo fui consciente de que a los animales no se les trataba como yo consideraba que se les tenía que tratar fue cuando tenía unos diez años, y vi cómo a un perro que ya no “servía” para la caza le pegaban un tiro en medio de la calle. Intenté pararlo gritando a la persona que disparó, pero no pude.  Fue en mi pueblo, aquí donde estoy haciendo todo esto. Aquello cambió totalmente mi percepción con respecto a los animales. Era muy pequeña. Me hizo sentir una empatía muy fuerte. Y la he seguido sintiendo hasta el día de hoy.

Paisaje de pueblo con casas y montaña al fondo, donde un gato está sentado sobre la hierba en primer plano.

C&D: ¿Crees que las personas que maltratan a los animales también son más propensas a ser violentas con otras personas?

SARA RAMIRO: Sí, no tengo absolutamente ninguna duda al respecto. De hecho, la mayoría de las personas que cometen crímenes, han cometido violencia anteriormente contra los animales. Para mí es tener carencia de empatía.

C&D: ¿Te gustaría dejar un mensaje para los lectores de C&D?

SARA RAMIRO: Cuando me preguntan cómo hemos conseguido que la gente respete el trabajo que hacemos en el pueblo, siempre digo que a base de hablar mucho con la gente. ¿Que alguien quiere poner en marcha un proyecto de estos? Lo primero que tiene que hacer es buscar a las personas que ya alimentan porque siempre las hay. Son como setas que están ahí, escondidas, porque durante muchos años se les ha insultado e increpado. Localizarlas, acercarte y contar con ellas, es el primer paso. Solo necesitan no sentirse solos en esto y aprender a hacer las cosas para hacer una buena gestión. Hay que perder el miedo a hablar con los demás porque siempre hay algo que nos une. Nuestro “algo” fue la señora que quería coger con las manos a los gatos de su colonia, porque no sabía cómo hacerlo, para esterilizarlos y nosotros teníamos nuestras jaulas y formación para hacerlo. Siempre hay que encontrar la manera de no estar sola en proyectos como este, porque si no has de enfrentarte tú contra todos los que se oponen. La unidad es básica: con cualquier persona, de cualquier edad y de cualquier género. Siempre intento en este sentido dar valor a las personas mayores que llevan años alimentando y cuidando de los gatos comunitarios y que, muchas veces, solo necesitan que les enseñemos a hacerlo de forma adecuada porque, por nuestra experiencia, siempre están dispuestos a ayudar y colaborar. Para muchos de ellos, el estar pendientes y cuidar a la colonia les da muchísima vida.  Y, sobre todo, nadie debe tener miedo ni avergonzarse de ayudar. Se puede. En comunidad.

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