Britton Rivière, el otro retratista de perros (III)

Fidelidad extrema

Fidelidad. La fidelitas latina entendida como “cualidad relativa a la lealtad o a la fe” y la bheidh– protoindoeuropea que también significa “guiar”. Esa virtud que en la época romana además designaba “constancia” y “confianza”, o que en el mundo árabe –con su ikhlās– se extiende hasta alcanzar el significado de “pureza” y “devoción”. Fidelidad: esa característica prototípicamente adscrita a la naturaleza de los perros –como una masa caracterial que los conforma y define– y que Briton Riviére (1840–1920) plasma en sus pinturas recogiendo los sentidos polisémicos del término hasta llevarlos al extremo: el de la muerte.

En The last of the crew la fidelidad es guía: la del perro que otea junto al explorador un futuro incierto pero compartido, mientras el resto de la manada se disputa el alimento en segundo plano. Es confianza en A blockade runner donde se representan a cuatro perros espantando a un gato fuera de la propiedad del humano, y lealtad en Dead Hector en el que el héroe troyano, lejos de ser devorado, es protegido por los lobos. La fidelidad como devoción la representa el can de Requiescat sentado atentamente junto a la armadura que contiene el cadáver de su compañero de vida. En el mismo sentido,  pero evocando la pureza intrínseca de los cánidos, dos perros intentan comprender la inminente muerte de su bípedo en The long sleep. En Faithfull to the last ya solo queda espacio para la fe: la esperanza de que el cuerpo que antes vestía el ropaje contra el que se frota el animal, vuelva a aparecer. Ojos temerosos ante la orfandad presente, lametazos que intentan revivir un cuerpo sin vida, animales que nos captan bajo las armaduras –reales o imaginarias– que vestimos cada día. La desgarradora expresión de tristeza, impotencia y desolación en los rostros y posiciones corporales de los perros. El realismo pictórico puesto al servicio de la representación de una fidelidad llevada al extremo del fin de la vida: a la muerte.

Porque la fidelidad de los canes es guía, confianza, lealtad, devoción, pureza, fe… y también constancia. La misma que simboliza el mastín de The last of the Garrison, último bastión en la defensa de un lugar que ha sido asediado. Una constancia que refleja la estupidez de la guerra, sus secuelas para otros animales no humanos y el dolor silencioso que a punto está de quebrarse en muerte. Aunque no sepamos si el can fallece, podemos estar seguros de que sí estaría dispuesto a dar su vida por su compañero. Porque así es la masa caracterial que conforma y define la naturaleza de los perros. Porque esa es la finalidad de su cotidianidad.

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