Banksy desafiando al engaño

Intervención de arte urbano en una pared que muestra una escena figurativa con un personaje y un perro, utilizando tonos oscuros y estilo stencil característico del arte callejero.

Un problema aún no resuelto

Nada aparentemente más sencillo que engañar a un perro. Basta mostrarle un hueso para mantenerlo entretenido, poder administrarle una medicina o hacer que te siga donde tú quieras. Basta un hueso para dominarlo. En este sentido (también) somos como ellos. Porque los humanos –ya falibles de por sí- tenemos una inclinación innata a ser engañados. Basta que nos enseñen ese “hueso” por el que sufrimos debilidad que enseguida nos entretenemos, nos pueden administrar cualquier “medicina” o hacernos caminar en una dirección concreta. Basta un “hueso” para subordinarnos. En un mundo digitalizado donde las fakes news prevalecen sobre la transparencia, donde el poder político se ha mercantilizado y la publicidad vende necesidades creadas ad hoc; cabe preguntarse hasta qué punto estamos dispuestos a permitir el engaño y qué ocurre cuando aceptarlo puede ser la mejor alternativa a las injusticias que sufrimos. Para responder a ambas cuestiones, tenemos a Banksy.

 Cerca de la Sorbona y desde 2020, hay un estarcido[1] del anónimo autor en el que se representa a un perro obedientemente sentado a la espera de que su “amo” le entregue un hueso. Porta este, en la mano que esconde, un serrucho manual de grandes dimensiones. El mismo con el que ha amputado la ensangrentada pata delantera que el cánido muestra aún goteante y que ahora, convertida ésta en hueso, llama su atención manteniéndolo a la espera. La crudeza e ironía de la imagen -señas ambas del artista- tratan de llamar a la subversión sobre un problema aún no resuelto en nuestro tiempo: la migración. Así, el perro representa a ese migrante que, habiendo tenido que pagar “una pierna” para poder acceder a las veleidades del Primer Mundo, se encuentra ahora ante un hueso que simboliza las falsas promesas, el engaño y, en última instancia, el dominio al que se ve sometido. La misma subordinación que el engañado paseante-perro recibe del sistema-amo que lo tienta con el hueso-producto que él mismo ha generado con su mal pagado trabajo.

Banksy vuelve a ser punzante en señalar la injusticia. El contraste entre una aparente generosidad del que da y la violencia que este oculta, deconstruye la tierna relación entre hombre y animal marcando la relación asimétrica de poder basada en el engaño. A propósito de esto -y frente a la mentira como condición humana esencial nietzscheana que impulsa esa transformadora voluntad de poder- el francés Jacques Derrida (1930-2004) acuñó el concepto de “infidelidad ética”. Revierte este a cómo la traición puede ser una forma de respetar la alteridad del otro evitando una captura totalizante de su yo. Creemos que, aunque esto libraría al “amo” de la carga ética, la injusticia del propio engaño seguiría vigente.

Los seres humanos –ya falibles de por sí- tenemos una inclinación innata a ser engañados, a engañar y a autoengañarnos. Pero, tal vez, emplear esa infidelidad derridiana para insubordinarnos ante el “amo” y acabar con el ardid, sea lo único que pueda salvarnos. Eso o cuestionarnos si realmente necesitamos el hueso que nos dan. Este también es un problema aún no resuelto.


[1] En el contexto del arte callejero, un estarcido es una técnica artística que usa una plantilla recortada para aplicar pintura sobre una superficie, creando imágenes precisas y repetibles.

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