«25 gatos llamados Sam y una gatita azul» de Andy Warhol

Una lata para cada gato

Antes de que Andy Warhol (1928-1987) fuese un emblema de la modernidad, un productor de películas tan vanguardistas como Trash (1970), un personaje habitual que paseaba con su perro Archie por los reservados del estudio 54, el fundador del epicentro de la escena underground neoyorkina (The Factory), o el célebre retratista que elevó el estatus de icono de la ya de por sí icónica Marilyn Monroe; antes de eso, Andy fue solo un humilde niño de Pittsburg con un peinado “normal”, un adolescente estudiante de diseño y un joven ilustrador que buscaba labrarse un destino trabajando en revistas como Vogue. Y también fue un poco gato.

Grácil en sus movimientos, siempre ensimismado tras sus gafas, ególatramente caprichoso y en ocasiones hasta feral, Warhol “marcó” su territorio dentro del arte, cimentándolo en los productos del capitalismo y las celebridades derivadas de este: el pop art. Pero, como buen gato desamparado, en sus inicios, el joven Warhola hubo de necesitar de una cuidadora que lo alimentase: su madre Julia. Consciente esta de la precaria situación de Andy, en 1952 decidió mudarse junto a él, llevándose consigo a Hester, una preciosa gata azul. No tardaron ambos en adoptar a Sam, un gato siamés que vagabundeaba por la calle 75, considerando que este podría ser una gran compañía para la minina. Tal vez lo que no consideraron fue la capacidad reproductiva de ambos, pero lo cierto fue que, dos años después, el minúsculo piso del artista se había convertido en una colonia de 25 gatos -entre descendientes y adoptados- bautizados todos ellos con el nombre de su padre: Sam.

25 gatos llamados Sam y una gatita azul, es el resultado de aquella experiencia. Un libro que recopila 16 litografías de estos siameses, con variaciones de postura y expresión, y con vívidos colores en los que las aguadas saturadas se unen a la técnica del “blotted line[1] para dar lugar a esta suerte de catálogo felino. Un catálogo en el que los gatos, siendo individuos per se, pero teniendo a su vez el mismo nombre, se convierten en elementos intercambiables dentro de una serie, en un juego donde se confunden la singularidad de la pieza artística y la capitalización de la misma como mercancía. Un catálogo que, usando la paleta de tonalidades y la ironía kitsch de convertir lo cotidiano en arte, anticipan las serigrafías pop que vendrán más tarde. Esas en las que Warhol repite mecánicamente los retratos de celebridades como Lenin, Mao o los Beatles, pero también productos que simbolizan el capitalismo como la Coca Cola, los billetes de dólar o el kétchup Heinz.

Que Warhol amase a los gatos (y perros y otros animales), es una pregunta cuya respuesta es bastante obvia. Sobre la que sí podemos reflexionar es la siguiente ¿reprodujo al infinito cada una de sus sopas Campbell para beneficiarse del propio capitalismo creando uno de los primeros merchandising de la historia, o, recordando la vida de gato desamparado junto a su madre, lo hizo para que cada uno de sus gatos de papel tuviese una lata de la que comer?


[1] La técnica «blotted line» (línea manchada o línea borrosa) es una innovadora metodología de dibujo e impresión que parte de un boceto a lápiz sobre papel de calco, sobre el que se entinta con tinta china.

Deja una respuesta

Your email address will not be published.