Jeff Koons: Jugar con globos mientras todo se llena de flores

Jeff Koons posando junto a una escultura azul con forma de perro globo en un estudio de arte.

Un tributo a la ciclicidad del tiempo

Cerezos en flor. Amapolas que inundan las veredas de las carreteras besando con sus peristilos el templado asfalto. Media manga con chaqueta al mediodía, manta por la noche. Varios paquetes de pañuelos entre los transeúntes que sufren alergia. El paraguas, por si acaso. Es plena primavera y, en Bilbao, como ocurre desde hace casi tres décadas, los brotes de begonias, pensamientos, caléndulas y petunias se encaraman, abrazando, la estructura de acero inoxidable para explotar en floridos colores que lo inundan todo. El resultado, una escultura floral de 12 metros -la más grande del mundo- con forma de cachorro.

Puppy, un West Highland terrier, no caza a las palomas y gaviotas que revolotean sobre la ría, sino los objetivos de las cámaras y teléfonos de los miles de turistas que lo visitan a él y al buque insignia del arte bilbaíno que custodia tras de sí: el Guggenheim. Concebido como una escultura efímera en 1992, cinco años después se estableció definitivamente junto al museo, generando una antítesis simbiótica con el mismo. Así, mientras el edificio –frío en sus materiales, achatado en sus formas, pero vivo como el viento o una ola del mar- muestra la ortodoxia del arte que alberga; la escultura -de una tonalidad alegre, alta y expresiva- nos conecta con la viveza naturalista de la expresión artística. Además, como buen perro, Puppy se lava y alimenta por sí mismo (tiene un sistema de riego sostenible) cambia de “pelaje” dos veces al año (sus 38 mil flores son sustituidas en primavera y en otoño) y evoca la inocencia feliz de todo cachorro. Crecimiento orgánico, ciclicidad de las estaciones. El arte efímero frente a aquel permanente salvaguardado en el Guggenheim. Esto es lo que representa Puppy. Y también otras muchas obras de su autor, Jeff Koons (1955).

Cuestionado por su comercialismo (es uno de los artistas vivos mejor cotizados), Koons adaptó en los 80 el modelo “warhooliano” de The Factory, creando producciones seriadas que celebran la vida. En Balloon Animals -esculturas zoomorfas de acero inoxidable reflectante de casi cuatro metros de altura- el artista juega con la dicotomía inhalar/exhalar propia de inflar un globo, para contrastar el optimismo frente a la volatilidad propios de la infancia. Así, el espectador podrá sentir el paso de su propia vida al verse reflejado literalmente en la obra, introduciéndose en ella hasta formar parte de la misma, en una suerte de narcisismo cultural. Crecimiento orgánico espejado en la obra, ciclicidad de las etapas vitales teñidas en un alarde de radicalidad pop, celebración de la existencia: puro Koons.

Es plena primavera y la naturaleza se transforma de nuevo en una colorida fiesta incitándonos a tomar las calles, plazas, terrazas y museos. Si vas a Bilbao, a media manga con chaqueta al mediodía, no dejes de visitar a Puppy y su colorido ejército de flores, aunque sea con varios paquetes de pañuelos. Si vas a New York y el cielo se enturbia y no tienes paraguas, vete al Guggenheim y mira el reflejo de quién eres en el cuerpo de un Balloon Animal. Pero, sobre todo, celebra siempre la vida.

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