¿En qué piensan los perros? (III)

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Mujer abrazando a un perro de tamaño mediano mientras el animal le lame la barbilla en una fotografía en blanco y negro.

El brillo que nos regalamos

Mírale a los ojos fijamente. Tal vez no demasiado tiempo para que no se incomode. Disfruta del color de sus iris, y del vaivén de los movimientos instintivos con los que maniobran sus pupilas para enfocarte mejor. ¿Ves ese brillo que hay al final? No me refiero a ese que atraviesa las córneas desde fuera y que permite que te veas reflejada en las de él; sino al otro, al que emana desde dentro, de él a ti. ¿Ahora lo ves? Pues esa es la señal que indica que estás ante un ser sintiente. Un ser que -tuerto, ciego o con vista de halcón-, te está mostrando lo mismo que tú seguramente ya sientes por él.

Ahora cierra los ojos o separa la mirada. Hazlo por él. Todos sabemos que a nadie le gusta ser observado fijamente durante tanto tiempo, ¿no? ¿Intuyes qué sucederá ahora? Por supuesto, lo sabes de sobra porque conoces a ese ser. Es el mismo con el que llevas compartiendo tal vez unos días, unos meses, unos años o media vida. Tal vez tu mejor media vida. Sabes que bostezará incómodo, se moverá de donde esté o te lamerá nervioso. Quizás sean otros sus movimientos, pero tú los conoces a la perfección. Como conoces sus necesidades, sus hábitos, sus manías. Sabes que antes de salir al calor de esta primavera que muere, quiere beber un poco; que le gusta subirse al sofá para acurrucarse entre tus piernas; que necesita absorber todos los olores de cada esquina de vuestro barrio para entender que todo sigue en su sitio. Sabes que sueña, por esos movimientos compulsivos que hace, tal vez persiguiendo una pelota en el mundo onírico. Puedes entender que no llega a atraparla porque rompe en llanto mientras sigue dormido. Sabes que piensa, aunque no sepas qué. Y lo sabes porque os comunicáis, sin palabras, como se comunican los seres vivos de cualquier especie que han pasado tanto tiempo juntos. Porque vuestros cuerpos, en esa extraña simbiosis que se genera cuando encuentras una parte de ti que no sabías que existía, se amoldan al mismo ritmo vital. Respiraciones acompasadas. Latidos paralelos.

Tal vez, algún día, la ciencia pueda responder a la pregunta de en qué piensan los perros. Mientras tanto, podemos seguir comunicándonos con ese mirarse a los ojos -tal vez no demasiado tiempo para no incomodarnos- y ver el brillo que nos regalamos mutuamente como seres vivos que somos.

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