Constantia[1] y Otium[2], gata y perro de Séneca

-¡Constantia, Constantia!

-…

-¡Constaaaantia! ¿Es que no me escuchas?

-¡Miaaaaaaau! ¿Qué acaece Otium? ¿Por qué portas esa lengua de fuera y la cola como un remolino de Eolo?

-Vengo del ágora con noticias más frescas que las vides brotadas por Baco en el extremum aestatis[3]: el Magister deja su trabajo con Nerón. ¿No se te erizan los pelos?

-¿Deberían? No entiendo por qué, amicus Otium.

-Porque me preocupa que el Magister pueda caer en un ocio prolongado y, como es sabido, este no es reposo, es pereza.

-¡Vaya con el canis!… Permíteme que te recuerde que, como a mí, al Magister siempre le ha preocupado perder el tiempo. De hecho, no es que tengamos poco tiempo para vivir, sino que desperdiciamos mucho. Por eso, ambos coincidimos en la importancia de un ocio activo.

-¿Ocio activo? ¿Así se llama a estar tumbada todo el día con los ojos cerrados?

-…

-Disculpa, Constantia, pero prefiero molestar con la verdad que complacer con adulaciones.

-No hay molestia en el significado de tus palabras, amicus Otium; ya que mi descanso no es evasión pasiva, sino forma de vida sobria y consciente. Todo tiempo libre, si es aprovechado convenientemente, es decir, si no cae en distracción vacía y sirve para mejorar el alma, nos aporta serenidad y crecimiento.

-Ya, pero ¿y si el Magister se deja llevar por el vacío? ¿Y si pierde la virtud? ¿Cómo va a guiar su vida conforme a la naturaleza de la razón?

-¡Domina tus pasiones, Otium! ¿Es que no has aprendido nada? Tal y como os he enseñado al Magister y a ti, debemos aceptar lo que el fatum[4] nos provea. Si este nos trajese una dolorosa adversidad, nuestra libertad radicaría en ser resilientes, en mantener nuestra alma imperturbable. Pero, amicus Otium, no creo que tal sea el caso. En cuanto a la virtud, recuerda que esta no se cultiva únicamente escogiendo el camino recto, estudiando y escribiendo, enseñando a los discípulos o trabajando para el Emperador: la virtud también se cultiva en la amicitia[5] y, para eso, aquí estamos nosotros.

-Entonces ¿crees que el Magister tendrá más tiempo para mí?

-¿Acaso lo dudas, amicus Otium?

-No te engañaré. Creo que su moral con respecto a nosotros se rige más por la compasión que por el amor. ¿Recuerdas sus críticas frente al maltrato de animales capturados y forzados a participar en espectáculos violentos? Pues creo que le preocupaba más la fragilidad del carácter de los propios humanos, que el sufrimiento de los pobres animalia. Y lo mismo eso de las abstenciones de carne que hace de vez en cuando: creo que es más una cuestión de salud y ética, que de verdadera filia.

-Tal vez, amicus Otium, pero ¿acaso no es más virtuoso tratar con equidad a otro ser que amarlo? Valora, pues, que el Magister sea así de justo y, con respecto a lo de que tenga más tiempo para ti, déjalo en manos del fatum. Mientras tanto, vive, practica el ocio activo, cultívate y no pierdas el tiempo: La vida es larga si la aprovechamos.

(Qué ganas tengo de que venga el Magister y se lleve a este can a dar un paseo a la urbe. Necesito unas vacaciones de estos dos. Sobre todo, para descansar de tanto filosofar).


[1] En latín, firmeza interior pero también estabilidad moral.

[2] En latín, ocio

[3] En latín, “lo último del verano”

[4] En latín, destino.

[5] En latín, amistad.


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