Humor liminal que ayuda a los animales
Se abre el telón. Sobre el escenario, tan solo un enorme cartel (o proyección, o estructura) con el nombre del show y un atril que esconde -momentáneamente- una lata de cerveza de medio litro. Suenan los aplausos cuando un inglés de mediana edad, ataviado con unos vaqueros y una sencilla camiseta negra, pisa las tablas sonriendo irónico. Es abrir la boca y la risa se desata entre la audiencia. Vendrá a continuación un monólogo en el que los chistes sobre enfermedades de transmisión sexual, religión y pedofilia, se mezclarán con holocausto, acondroplasia e identidad LGTBIQ+. No hay colectivo, creencia o ideología que escape del irreverente, sátiro, crítico y políticamente incorrecto, humor negro de Ricky Gervais (1961). Y no lo hay porque, según el inglés, no deberían existir fronteras para la expresión verbal individual, los tabúes son constructos que cercenan la libertad colectiva, y el valor de lo cómico siempre debería imponerse a la ofensa percibida. Porque, en el fondo, como señalaba Aristóteles (384-322 a.C), ese es el sentido de la comedia: presentar a los seres humanos peores de lo que son. O como afirma el propio Gervais: «El chiste sobre lo malo no es tan malo como lo malo«. Porque “lo malo” es cómo el ser humano ha ido construyendo la sociedad actual, cómo ha ido transformando los valores mínimos que nos hacen “humanos”, y cómo ha ido destruyendo -coartándola- la emocionalidad con la que nos echamos al mundo. Al traspasar el límite del atril, sin embargo, nos encontramos la honestidad brutal de un ser que, alzando una lata de cerveza de medio litro, desmantela los límites de la hipocresía para mostrarnos esos valores y esa sensibilidad perdidas.

After life (2019) es prueba de ello. Tony (Gervais), un articulista de un periódico local ve derrumbarse su vida tras el fallecimiento de su esposa debido a un cáncer de mama. La aparición de Brandy (Antilly), una malinois, le ayudará a afrontar el duelo, fortalecer relaciones humanas y buscar un nuevo sentido a su existencia; convirtiéndose en uno de los ejes fundamentales que conducen al espectador a reflexionar sobre los aspectos verdaderamente fundamentales de la vida. Las dosis de humor negro, un dramatismo tan real como la vida y la inmensa ternura que evoca la perra, son los ingredientes perfectos para convertir la serie en la mejor del año[1].
Aunque contra todo pronóstico el personaje de Brandy no fallece en la serie, sí lo hizo Antilly en 2025 tras 13 hermosos años de vida. En su homenaje público -escultura incluida- el humorista concluyó -seriamente- que la perra había sido su mejor coprotagonista. Y es que, al contrario de lo que ocurre en sus monólogos, Gervais no necesita palabras cuando se trata de llegar hasta los animales no humanos; porque con ellos no hay frontera alguna que traspasar. Con estos, Gervais solo necesita actuar. Su oposición contra la caza, el comercio de pieles, la tauromaquia o la experimentación animal, han venido respaldadas con jugosas donaciones (1,9 y 2,5 millones de libras por sus giras de 2023 y 2026) a diversas organizaciones pro animales; y por la convicción -coherente según él, honesta a todas luces- de avanzar hacia el vegetarianismo hasta alcanzar el veganismo actual.

Por si queda alguna duda: sí, Gervais también se ríe de los veganos y de los animales. Porque la risa es carburante para la vida y porque el valor de lo cómico empieza por romper los límites con uno mismo para sacar a la luz todo el material sensible que llevamos dentro. Y en el caso de Gervais, esa sensibilidad no es poca.

[1] After Life fue premiada 4 veces como mejor serie del año entre 2019 y 2020, por distintas academias.

