«La razón habla y el sentimiento muerde»
«Francesco exhala un extraño olor a impotencia ilusionada. Sé que está incómodo con los escolásticos por el afán de estos de poner la razón al servicio de la teología armonizándola con la fe. Yo no sé qué es la fe, pero le he escuchado decir a Francesco que tiene que ver con un libro antiguo donde las cosas se dicen sin explicar, y que hay que acatarlas como si fuesen Ley. Si es así, entonces tengo fe. Fe en él».
«Francesco afirma que tenemos que volver atrás en el tiempo y recuperar a autores clásicos para aprender de ellos a ser más nosotros. Yo no entiendo por qué un ser quiere ser como otro que no está, en vez de ser uno mismo. Será que esto del tiempo lo llevo un poco mal -porque no me cabe en el hocico cómo puedo volver a comer el bocado que ya he engullido sino regurgitándolo-, pero Francesco dice que esto se puede hacer leyendo libros. No sé, creo que he aprendido haciendo las cosas, atendiendo mis necesidades y dejándome llevar por los instintos. Además, si es verdad que “los muchos libros a unos hicieron sabios y a otros locos”, eso de leer lo veo un riesgo innecesario».
«He escuchado a Francesco hablando con Giovanni[1] y mi confusión va in crescendo. Estoy de acuerdo con eso de que cada uno es libre, aunque no he entendido lo de la libertad intelectual. Dicen que es importante estudiar las humanidades para ser más humano y creo que eso, además de tautológico, es un poco reductivo. Y es curioso porque, en sus poemas, Francesco habla de muchos tipos de animales, pero luego parece no tenernos en cuenta. Tal vez nos utilice solo como imágenes. Metáforas, las llama él. Supongo que el humanismo es egocéntrico».
«DeCanmeron, el perro de Giovanni, me ladró el otro día planteándome una duda. Si el humanismo se centra en el ser humano, ¿es el humanitarismo igual de autorreferencial? Aunque el debate que surgió fue tan entretenido como nadar en el río, la conclusión era demasiado obvia: las personas humanitarias también se centraban en los humanos. Tal vez habría que ser más animalista o ecologista o universalista. O todo junto. Entonces pensé en las lecturas de Francesco y me pregunté: ¿por qué leer a Cicerón, Séneca o Platón, y no a Plutarco, Ovidio o Porfirio? ¿Será porque Plutarco critica el antropocentrismo y tiene simpatía moral hacia los demás animales, porque Ovidio ensalza la animalidad diluyendo los límites, y porque Porfirio defiende filosóficamente la abstinencia del consumo de carne; y eso no les conviene? DeCanmeron bajó la cabeza y después me acercó su hueso para compartirlo conmigo».
«Francesco dice que ser humano implica dignidad, libertad, autoconciencia y capacidad de elegir cómo vivir. Sospecho que soy humano. Francesco también dice que la Filosofía es como el arte de la vida, algo que nos sirve para ser virtuosos y tener moral propia. Desconozco mis virtudes, pero he aprendido lo que está bien y lo que está mal para los humanos. Me temo que también soy filósofo. Francesco dice que la razón habla y que el sentimiento muerde. Yo no hablo, así que no tendré razón; pero sí se morder. Y muy bien. Tal vez no sea humano ni filósofo; tan solo puro sentimiento».

[1] Giovanni Bocaccio (1313-1375) también fue un humanista amigo de Francesco Petrarca, y autor de obras como el Decamerón.

