Un eslabón perdido entre el modernismo y el expresionismo

Moriz Jung (Austrian (born Czechoslovakia) Moravia 1885–1915 Manilowa (Carpathians)) Greyhound, 1912 Austrian, Color lithograph; Sheet: 3 7/16 × 5 1/2 in. (8.8 × 14 cm) The Metropolitan Museum of Art, New York, Museum Accession, transferred from the Library (WW.679) http://www.metmuseum.org/Collections/search-the-collections/649438

Perros para antes de una guerra

Oculta bajo el manto de horror de la Segunda Guerra Mundial, la Primera aparece poco menos que como una guerra menor, como una contienda de juguete, a pesar de sus 20 millones de muertos. Todo el horror atroz de esa contienda, tan bien descrito en obras como Senderos de Gloria o Sin Novedad en el Frente, oculta además otra catástrofe intangible, la de artistas, pensadores y creadores diversos, que perdieron la vida en aquel horror de las trincheras. Uno de esos desdichados fue Moriz Jung (1885 – 1915), artista y diseñador gráfico austriaco, conocido por sus xilografías, linograbados, litografías, postales e ilustraciones de libros, siempre con un estilo gráfico distintivo y humorístico. Ya durante sus estudios, publicó un libro de xilografías en color de animales y recibió un prestigioso encargo para crear el cartel del «Cabaret Fledermaus». A pesar de su corta carrera, Jung fue un autor muy prolífico, cuyo estilo oscila entre el modernismo vienés dominante y un incipiente expresionismo, que le lleva a retratar figuras de la calle y de la cotidianidad, sin adornos y resaltando sus aspectos más sórdidos. Su arte preludia además una estética de cómic, que les concede a sus obras, a nuestros ojos, una inusitada modernidad.

Sus imágenes de perros se centran absolutamente en el objeto representado. Su afán en ellas es, ante todo, descriptivo; sin embargo, más allá del prodigioso estudio de su anatomía, inscribe en ellos una distancia, que les muestra como seres independientes, sin amos, que afirman su peculiaridad con una profunda distancia emocional, como si tuvieran su propia agenda. Nada en estas litografías despista al lector de su tema: ni el color ni los fondos. De este modo, toda la atención se centra en una construcción psicológica del animal, que le dota de una formidable belleza.

Con su muerte en la Batalla de los Cárpatos, en marzo de 1915, desaparecerá uno de los grandes artistas de la Escuela Moderna Vienesa, verdadero eslabón perdido entre dos movimientos estéticos fundamentales, y, con él, todas las maravillosas posibilidades que, a buen seguro, nos habría aportado su arte.

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