Una memoria del maltrato

Animales en el país que fuimos

Ronson (2023) es, sin duda, una novela gráfica fascinante. Lo asombroso de este relato de César Sebastián (1988), que describe la infancia de un niño de los años 60 y 70, en la España rural, es la verdad con la que está escrito y la precisión con la que está narrado gráficamente. Centrado en una masa sumamente exhaustiva de recuerdos y sin necesidad de establecer interpretaciones a posteriori de lo vivido entonces, el autor aborda un pasado riquísimo, tejido a partir de recuerdos íntimos, que anclan su memoria en multitud de detalles, que harán que la memoria de la colectividad que vivió la misma época se reconozca de inmediato en el universo descrito. Aquella infancia en el mundo del franquismo aparece expuesta así de un modo descarnado y tierno, terrible y divertido, intenso, pero sin apurar ni resolverlas situaciones y sin caer en estereotipos ni en moralejas. El modo en el que, por otro lado, alude a personas sin historia del pueblo, llamadas a sobrevivir sólo en este relato, le da al conjunto un aire de reflexión existencial de lo más imponente.

Uno de los elementos que mejor describe el libro es, sin duda, el modo en el que aquellos niños maltrataban por pura diversión a todo tipo de animales… ocas pájaros, gatos, perros, como un síntoma más de la falta de empatía que recorría las relaciones en unos años y unas geografías humanas tan duras, tan necesitadas y tan oscuras. Algunas de las secuencias son verdaderamente atroces y, sin embargo, resultan doblemente necesarias para entender hasta qué punto hemos avanzado en lo que a derechos animales se refiere.

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